Publicado el 18 de septiembre de 2026 · Por el equipo de Hormicrem
Ver una grieta en un pavimento recién instalado es una de las mayores preocupaciones de cualquier cliente. La buena noticia: la gran mayoría de las grietas se pueden evitar si se hacen bien varios pasos concretos durante la instalación.
Es, con diferencia, la causa más habitual. Si el terreno no está bien compactado antes de verter el hormigón, con el tiempo se asienta de forma irregular y esto provoca fisuras en la superficie. Por eso la preparación del terreno nunca debe saltarse ni acelerarse.
El hormigón se dilata y contrae ligeramente con los cambios de temperatura. Sin juntas de dilatación cada cierta distancia (normalmente cada 3-4 metros), esa tensión acumulada puede acabar generando una grieta en un punto débil, en lugar de liberarse de forma controlada en la junta.
Un hormigón demasiado fino para el uso que va a recibir (por ejemplo, tráfico de vehículos) es mucho más propenso a fisurarse con el tiempo. El espesor debe ajustarse al uso real de la superficie, no solo al presupuesto.
En días de mucho calor o viento, el agua de la superficie se evapora demasiado rápido, lo que puede generar microfisuras por retracción plástica. Por eso en jornadas así se cuida especialmente el curado, y por eso también ayuda tanto añadir fibra a la mezcla.
Un hormigón impreso bien preparado, con juntas de dilatación correctas, el espesor adecuado y una instalación cuidada en el curado, prácticamente no debería agrietarse en condiciones normales de uso.
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